¿Puede una empresa envasar sus pinturas en cubos reciclados sin miedo al desastre? ¿Y vender prendas técnicas de montaña tejidas con basura extraída del mar?

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"Lo reciclado es más endeble. Lo reciclado es menos resistente. Lo reciclado es peor". Es fácil haber oído estas quejas sobre los productos hechos con material reciclado. Muchos ciudadanos, alguna vez, habrán albergado dudas sobre su calidad, su resistencia o su funcionalidad, bien por falta de información o bien por falta de experiencia directa. Pero, ¿qué diferencias reales hay? ¿Se cumple o se desmiente este tópico?

Tres pymes, terrenales y de diferentes ámbitos, cuentan el resultado de su apuesta, industrial y comercial, por este tipo de materias primas.

Pinturas ecológicas en cubos reciclados

"Exactamente las mismas prestaciones", dice haber encontrado Mónica Aguirre, directora de marketing de Industrias Juno, un fabricante de pinturas de Bizkaia, en el cubo de plástico reciclado que acaban de estrenar para su línea de pinturas ecológicas. "Estábamos en pleno rediseño de estos envases y pensamos que era el mejor momento, ahora que el plástico es un tema que está en la agenda global", continúa Aguirre, cuya empresa, fundada en 1927, factura cerca de 50 millones de euros al año y vende mayoritariamente al pintor profesional.

"En cuanto a compresión, caída, resistencia al apilado, peso, dimensión y conservación el cubo funciona perfectamente"

El tejido más técnico de la basura más abundante

Lo reciclado no solo sirve para contener otros productos. "Se pueden fabricar todo tipo de artículos con la misma calidad y características que los hechos a partir de materias primas vírgenes", afirman desde Ecoembes, la organización que coordina el reciclaje de los residuos de los contenedores amarillos y azules, una cifra que en España alcanzó el 77,1% en 2017. 

30 años de garrafas "diferentes y recicladas al 100%"

María Carmen Sanchís es la gerente de Visasol, una pequeña empresa valenciana de 14 empleados que surte de productos de limpieza a colegios, centros penitenciarios, hoteles y grandes superficies, entre otros clientes. Sanchís hace cerca de 30 años que envasa sus lejías en botes reciclados que ellos mismos fabrican a partir de granza, las bolitas en las que se convierte el plástico tras pasar por el reciclador. Por eso le sorprende la pregunta acerca de su calidad. "Las cualidades y utilidad son las mismas para lo que nosotros fabricamos", explica. "Tampoco nos supone un coste adicional. Al menos en nuestro sector, el plástico natural contamina más y es más caro. Me cuesta casi lo mismo trabajar lo reciclado que lo virgen".

 

Fuente: https://elpais.com/sociedad/2019/02/21/actualidad/1550741474_448331.html